Estábamos con el todo vale —da igual churras que merinas— como cita literal. A un traductor de ensayo histórico o literario, el tema se le plantea con relativa frecuencia. De pronto un autor extranjero te menciona el Quijote y, por descontado, no corresponde traducir, sino localizar. Fácil, a un paso hay una edición de primera. Lo que en la soñolienta versión de trabajo había sido: «El duque y la duquesa se divertían extraordinariamente con los humores de sus invitados, con lo cual resolvieron, para mejorar la distracción, desarrollar algún invento placentero que pudiera asemejarse a una aventura…», pasará a ser, ya plena y cervantinamente: «Grande era el gusto que recebían el duque y la duquesa de la conversación de don Quijote y de la de Sancho Panza; y confirmándose en la intención que tenían de hacerles algunas burlas que llevasen vislumbres y apariencias de aventuras, tomaron motivo de la que don Quijote ya les había contado de la cueva de Montesinos, para hacerle una que fuese famosa». No parece que el estilo traductor de Motteux al inglés nos permita recuperar, por tiento y tino que usemos en la retraducción, las palabras originales. Aun así, alguna traducción he visto que en castellano recomienda leer el capítulo de «lo que le pasó a Don Quijote con unos pastores». Mejor será leer el XI de la Primera Parte: «De lo que le sucedió a Don Quijote con unos cabreros».
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