Las raíces hispánicas del búlgaro

Quiso el destino (uno humilde, con minúscula inicial, que no está la cosa para más) que este traductor de libros, acosado por la crisis como todo quisque y no digamos todo autónomo quisque, decidiera ampliar su campo de trabajo e ir haciendo también aquellas anodiniduelas de agencia no siempre redactadas con pulcritud, sino aquejadas de dolor de jerga, impericia clara en el dominio de la lengua básica y tendencia a la tonticia extranjerizante porque es más fino. «Trabajar para vivir», digamos (porque decir «para comer» suena trágico-melancólico-pedigüeño y hoy no hay Aristófanes capaces de causarnos indignación y carcajada al mismo tiempo). Hago una, otra, vamos haciendo, y una noche, «¿te importa sumar estos dos parrafitos? Para mañana a primera hora», un vistazo, no hay tiempo para demorar la respuesta, vamos allá, ¡qué bonito es el asíndeton, ton, ton!, lo que me suena raro, ya lo resolveré.

Pero Juan Seguro De Simismo …

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