Aprender de lo que se traduce

Una de las ventajas tal vez menos publicitadas de traducir es lo que uno aprende de lo que mismamente traduce. Yo, por no ir más lejos, después de traducir sentado el famoso Correr para adelgazar, corro ahora cada día —sí, corro, aunque al traductor de libros le fastidien como a una media en una boda las carreras, y más las gratuitas—, por corto que sea mi tiempo libre, corro a escribir el aún inédito, pero sin duda imprescindible, Zamparse tarrinas enteras de helado para compensar. En e-book y gratuito, se enviará discretamente a su lector-e en cuidadosa imitación de un boletín-n de Nike. De nada.

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